lunes 18 de mayo de 2009

Hola en lugar de adiós


Ahora sí que estamos jodidos, Mario.
Porque todo los demás tiene arreglo
y, si no lo tiene, se le inventa uno.
Pero no te preocupes, porque no vas a ir al cielo, no.
La poesía no tiene cielo, ni infierno. Tampoco
tierras, ni límites.
Está en el aire, estás en el aire; el que
respiramos. En las piernas más desnudas
suaves, imperfectas.
En el mundo que construiste
en el odio de algunos cuantos burros y militares,
en las manos de los que pelearon.
Si te los cruzás por ahí en alguna librería,
en algún café, dale saludos a Julio, a José Luis,
a Idea, a Juan Carlos.
Pero no te preocupes, Mario,
estás vivo en las palabras.

viernes 29 de agosto de 2008

Capítulo 73


[…]
Sí, pero quién nos curará del fuego sordo, del fuego sin color que corre al anochecer por la rue de Huchette, saliendo de los portales carcomidos, de los parvos zaguanes, del fuego sin imagen que lame las piedras y acecha en los vanos de las puertas, cómo haremos para lavarnos de su quemadura dulce que prosigue, que se aposenta para durar aliada al tiempo y al recuerdo, a las sustancias pegajosas que nos retienen de este lado, y nos arderá dulcemente hasta calcinarnos. Entonces es mejor pactar como los gatos y los musgos, trabar amistad inmediata con las porteras de roncas voces, con las criaturas pálidas y sufrientes que acechan en las ventanas jugando con una rama seca. Ardiendo así sin tregua, soportando la quemadura central que avanza como la madurez paulatina en el fruto, ser el pulso de una hoguera en esta maraña de piedra interminable, caminar por las noches de nuestra vida con la obediencia de la sangre en su circuito ciego.
Cuántas veces me pregunto si esto no es más que escritura, en un tiempo en que corremos al engaño entre ecuaciones infalibles y máquinas de conformismos. Pero preguntarse si sabremos encontrar el otro lado de la costumbre o si más vale dejarse llevar por la alegre cibernética, ¿no será otra vez literatura? Rebelión, conformismo, angustia, alimentos terrestres, todas las dicotomías: el ying y el yang, la contemplación o la Tätigkeit, avena arrollada o perdices faisandées, Lascaux o Mathieu, qué hamaca de palabras, qué dialéctica de bolsillo con tormentas en pijamas y cataclismos de living room. El solo hecho de interrogarse sobre la posible elección vicia y enturbia lo elegible. Que sí, que no, que en esta está… Parecería que una elección no puede ser dialéctica, que su planteo la empobrece, es decir la falsea, es decir la transformar en otra cosa. Entre el ying y el yang, ¿cuántos eones? Del sí al no, ¿cuántos quizá? Todo es escritura, es decir, fábula. ¿Pero de qué nos sirve la verdad que tranquiliza al propietario honesto? Nuestra verdad posible tiene que ser invención, es decir, escritura, literatura, pintura, escultura, agricultura, piscicultura, todas las turas de este mundo. Los valores, turas, las santidad, una tura, la sociedad, una tura, el amor, pura tura, la belleza, tura de turas. En uno de sus libros Morelli habla del napolitano que se pasó años sentado en la puerta de su casa mirando un tornillo en el suelo. Por la noche lo juntaba y lo ponía debajo del colchón. El tornillo fue primero risa, tomada de pelo, irritación comunal, junta de vecinos, signo de violación de los deberes cívicos, finalmente encogimiento de hombros, la paz, el tornillo fue la paz, nadie podía pasar por la calle sin mirar de reojo el tornillo y sentir que era la paz. El tipo murió de un síncope, y el tornillo desapareció apenas acudieron los vecinos. Uno de ellos lo guarda, quizás lo saca en secreto y lo mira, vuelve a guardarlo y se va a la fábrica sintiendo algo que no comprende, una oscura reprobación. Solo se calma cuando saca el tornillo y lo mira, se queda mirándolo hasta que oye pasos y tiene que guardarlo presuroso. Morelli pensaba que el tornillo debía ser otra cosa, un dios o algo así. Solución demasiado fácil. Quizá el error estuviera en aceptar que ese objeto era un tornillo por el hecho de que tenía la forma de un tornillo, Picasso toma un auto de juguete y lo convierte en el mentón de un cinocéfalo. A lo mejor el napolitano era un idiota pero también pudo ser el inventor de un mundo. Del tornillo a un ojo, del ojo a una estrella… ¿Porqué entregarse a la Gran Costumbre? Se puede elegir la tura, la invención, es decir, el tornillo o el auto de juguete. Así es como parís nos destruye despacio, deliciosamente, triturándonos entre flores viejas y manteles de papel con manchas de vino con su fuego sin color que corre al anochecer saliendo de los portales carcomidos.

martes 17 de junio de 2008

Nota sobre la construcción de las masas



Alguna gente es joven
y nada más y
alguna gente es vieja
y nada más
y alguna está en
el medio y
sólo en el medio.

Y si las moscas
usaran ropa y todos
los edificios ardieran
en fuego dorado,
si el cielo se
sacudiera como en la
danza del vientre
y todas las bombas
atómicas empezaran a
gritar,
alguna gente sería
joven y nada más y
alguna gente vieja
y nada más y el resto
sería lo mismo
el resto sería
lo mismo.

Los pocos diferentes
son eliminados
bastante rápido
por la policía,
por sus madres,
sus hermanos,
y otros
por sí mismos.

Lo que queda es
lo que ves.
Es duro.

[Bukowski]

jueves 6 de marzo de 2008

Oliverio Girondo

Lo cotidiano, ¿no es una
manifestación admirable y
modesta de lo absurdo? Y
cortar las amarras lógicas,
¿no implica la única y
verdadera posibilidad de
aventura? Yo, al menos, en
mi simpatía por lo
contradictorio -sinónimo
de vida- no renuncio ni a
mi derecho de renunciar, y
tiro mis veinte poemas,
como una piedra, sonriendo
ante la inutilidad de mi
gesto.

sábado 5 de enero de 2008

Preguntas

"lo que hacemos en nuestra vida privada es cosa nuestra" dijeron
las Seis Enfermeras Locas del Pickapoon Hospital de Carolina
mientras movían sus pechos con una
dulzura tan parecida a Dios

¿y si Dios fuera una mujer? alguno dijo
¿y si Dios fuera las Seis Enfermeras Locas de Pickapoon? dijo alguno
¿y si Dios moviera los pechos dulcemente? dijo
¿y si Dios fuera una mujer?

corrían rumores acerca de las Seis
las habían visto salir de hospedajes sospechosos con una mirada triste
en la boca
las habían visto en una cama del Bat Hotel
las habían visto fornicando con sastres zapateros carniceros de toda
Pickapoon

¿y acaso Dios no sale de los hospedajes con una mirada triste en la
boca? alguno dijo
¿y si Dios fuera una mujer?
¡tetas de Dios! ¡blancos muslos de Dios! ¡lechosos! dijo
¡leche de Dios! gritaba por los techos de toda la ciudad
así que lo quemaron

hicieron una hoguera alta al pie de la colina del Este
y también quemaron a las Seis Enfemeras Locas de Pickapoon
todas eran rubias y cada día habían visto a la muerte trabajar
eso es todo
así acaban con los temblores mortales e inmortales en Carolina y
otros sitios de Dios

¿y si Dios fuera una mujer?
¿y si Dios fuera las Seis Enfermeras Locas de Pickapoon? dijo alguno.


[Juan Gelman]

miércoles 24 de octubre de 2007

Quiero ser la más puta

Soñé creo, un segundo después de las tres y algo, cuando me sentí ya dormida, soñé o no, entre miedos y sin saber quién estaba a mi lado en la cama, cuando se dio vuelta hacia mí y le di un beso. Me lo devolvió, fascinante; también, creo que en el mismo estado que yo porque ninguno de los dos hablábamos. Como misterio, momento efímero, un beso trajo otro más lascivo y otro, más desesperado, saliva, me pregunté enseguida por el desconocido a mi lado, mi lengua –dudosa, infante– y su labio, me di vuelta con violencia para no despertarme del todo y así seguir durmiendo, conservando lo vivo de ese momento muerto ahora y excitante.

¿De qué sirve saber quién era la persona a mi lado?, ¿de qué? Hubiese preferido que juegue conmigo y me oculte su nombre, su color de pelo y sus ojos para siempre o al menos hasta que ya no aguante más.

Luego de eso me quedé realmente dormida.

Amaneció. La mañana la pensé para seguir en la cama, con el cuerpo mal apoyado, un poco sobre la almohada y otro poco en la pared.

Pensé y me dije que quiero ser la más puta; no cobrar ni un peso. Claro que elijo yo. Los hombres nunca eligen o, al menos, muy pocas veces. Por eso la victoria les resulta grande y si no cuesta no tiene méritos. Macho, falacia débil.

Todavía en la cama, me imaginé en un bar, de noche, dando vueltas y riéndome de todos, paseándome de mano en mano, como si no pudiera quedarme quieta por nada; luego en mi habitación, sacándome fotos semidesnuda, masturbándome, porque me tienta masturbarme de vez en cuando, por la envidia inevitable que sufren los hombres al ver que se les sale la última –agónica– gota y tienen que esperar, porque no puedo decirle a mi novio mi fantasía, ni jugar a que él es otro si yo ya no soy más que lo que quiero.

Quiero ser la más puta.

¡Shhhhh!

Camilo Luis

domingo 14 de octubre de 2007

Gracias maestro



Imagino el final de una entrevista:

-Muchas gracias Juan Carlos; disculpe que lo tutee,
Me miró indiferente.
-¿Porqué no te vas un poquito a la mierda?
-Gracias igualmente.

Ahora su palabra:

"Durar frente a un tema, al fragmento de vida que hemos elegido como materia de nuestro trabajo, hasta extraer, de él o de nosotros, la esencia única y exacta. Durar frente a la vida, sosteniendo un estado de espíritu que nada tenga que ver con lo vano e inútil, lo fácil, las peñas literarias, los mutuos elogios, la hojarasca de mesa de café. Durar en una ciega, gozosa y absurda fe en el arte, como en una tarea sin sentido explicable, pero que debe ser aceptada virilmente, porque sí, como se acepta el destino. Todo lo demás es duración física, un poco fatigosa, virtud común a las tortugas, las encinas y los errores."

(Onetti, alias Periquito el Aguador, Marcha n° 6, Montevideo 28.7.1939)

Fuente: www.onetti.net/es